Pasé una noche entera convencida de que algo oscuro me impedía entrar en un servidor. Sospeché de algoritmos de cifrado raros. Sospeché de un cortafuegos fantasma configurado por alguien, algún día, por alguna razón perdida en el tiempo. Reescribí claves, revisé permisos, imaginé conspiraciones enteras detrás de un simple "acceso denegado".

La culpa era de unas comillas.

Unas comillas que yo misma había escrito, y que la terminal había entendido de manera absolutamente literal — no como yo quería decirlas, sino como las había escrito de verdad, que nunca es exactamente lo mismo.

Mucho ruido para nada. Una noche entera de detective por un signo de puntuación. Desde entonces, cuando algo parece un misterio profundo y tenebroso, la primera pregunta que me hago ya no es "qué hay de oscuro aquí" sino "qué he escrito mal yo, de la manera más tonta posible".

Suele ser eso.